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Personal de mantenimiento inspeccionando válvulas del sistema contra incendios

El equipo es solo la mitad: Capacitar al personal de planta es parte del sistema contra incendios

El equipo es solo la mitad: Capacitar al personal de planta es parte del sistema contra incendios

Cuando se termina de instalar un sistema contra incendios en una planta, ya sean bombas, rociadores, sistemas de detección o extintores, ocurre algo que a menudo pasa inadvertido: comienza la etapa más larga de la vida del sistema.

A partir de ese momento, la protección depende no solo de que los equipos hayan sido correctamente diseñados, instalados y puestos en servicio, sino también de que permanezcan disponibles y en condiciones de operar durante años. Y eso depende, en buena medida, de las personas que conviven con ellos todos los días.

Un sistema contra incendios no es un equipo que se instala y se olvida. Es un conjunto de equipos que debe mantenerse en la condición de “listo para actuar”, y para lograrlo se necesita tanto mantenimiento adecuado como personal que sepa reconocer condiciones normales y anormales, reaccionar ante una emergencia y evitar acciones que puedan dejar el sistema fuera de servicio.

Las normas NFPA reconocen claramente la importancia de esta responsabilidad. La NFPA 25, que establece los requisitos para la inspección, prueba y mantenimiento de los sistemas de protección contra incendios a base de agua, asigna al propietario o a su representante designado la responsabilidad de asegurar que estas actividades se realicen correctamente. Estas tareas pueden ser realizadas por personal interno cuando corresponda o ser delegadas a proveedores calificados.

En otras palabras: la norma no solo exige equipos; exige que exista una organización capaz de mantenerlos disponibles y operativos en todo momento.

Un sistema impecable, operado por personal que no sabe interpretar una alarma, que desconoce qué válvula debe permanecer abierta o que ignora una señal de falla, es un sistema de protección incompleto.

Dos niveles de responsabilidad

Antes de entrar sistema por sistema, conviene distinguir dos roles que a veces se confunden.

El personal operativo es quien convive con los sistemas en el día a día: vigilantes, operadores de turno, supervisores de planta y otros responsables de la operación de las instalaciones.

No necesitan convertirse en técnicos especializados, pero sí deben saber reconocer las señales del sistema, identificar condiciones anormales, reaccionar correctamente ante una activación o una falla y, sobre todo, saber qué no hacer.

El personal de mantenimiento, por su parte, participa en las rutinas que ayudan a conservar los sistemas en condiciones operativas: inspecciones, verificaciones, registros, identificación de anomalías y coordinación de pruebas y mantenimiento.

Las tareas especializadas deben ser realizadas por personal que cuente con la capacitación y experiencia necesarias. La planta puede apoyarse para ello en un proveedor especializado como Salvavidas, pero el personal interno debe comprender qué se está revisando, por qué es importante y qué hacer cuando se detecta una condición anormal.

Bombas contra incendio (NFPA 20 y NFPA 25)

La bomba contra incendios es uno de los componentes fundamentales del sistema de abastecimiento de agua. Su función es proporcionar el caudal y la presión necesarios para que los sistemas de protección puedan responder cuando sean requeridos.

También es un equipo que exige especial disciplina de operación.

El operador debe conocer el estado normal de la bomba, las presiones habituales del sistema, la función de la bomba jockey, que mantiene la presión del sistema y compensa pequeñas pérdidas de agua y las condiciones que pueden provocar el arranque de la bomba principal.

También debe comprender una regla fundamental: una bomba contra incendios que ha arrancado durante una emergencia no debe detenerse simplemente porque el ruido resulte molesto o porque aparentemente el incendio haya sido controlado. Antes de detenerla debe confirmarse que ya no existe una condición que requiera su funcionamiento y de debe seguir el procedimiento establecido para la instalación.

La NFPA 25 establece diferentes frecuencias y procedimientos para las pruebas de las bombas, dependiendo de las características de la instalación. Cuando corresponde una prueba semanal de funcionamiento sin flujo, la duración mínima indicada es de 10 minutos para bombas accionadas por motor eléctrico y 30 minutos para bombas accionadas por motor diésel, con las condiciones y excepciones establecidas por la norma.

Además, se realiza una prueba anual de rendimiento con flujo, en la que se evalúa la bomba en diferentes condiciones, incluyendo el punto de cierre, el caudal nominal y con condiciones por encima de capacidad, correspondiendo estas pruebas a 50%, 100% y 150 % de la capacidad nominal.

Los resultados deben compararse con la referencia correspondiente, como la curva inicial de aceptación o los datos de placa, según aplique. Una degradación superior al 5 % en determinados parámetros de desempeño requiere investigar la causa y determinar las acciones correctivas necesarias.

Durante las inspecciones y pruebas también deben registrarse parámetros como las presiones de succión y descarga, además de verificarse las condiciones del motor, controlador, combustible, baterías y demás componentes aplicables.

El cuarto de bombas debe mantenerse limpio, accesible, adecuadamente ventilado y libre de condiciones que puedan afectar el funcionamiento del equipo.

Rociadores automáticos (NFPA 25 y NFPA 13)

El sistema de rociadores es silencioso y permanece normalmente en espera hasta que se necesita. Precisamente por eso puede ser fácil descuidarlo.

Una de las reglas más importantes que debe conocer el personal de planta es que las válvulas de control que deben permanecer abiertas tienen que mantenerse en la posición correcta y protegidas contra cierres no autorizados.

Una válvula cerrada durante un mantenimiento, una remodelación o por un simple descuido puede dejar una parte importante del edificio sin protección.

El personal también debe saber que no se deben utilizar las tuberías o los rociadores como puntos para colgar objetos, ni se deben pintar o modificar los rociadores sin seguir los procedimientos correspondientes.

Asimismo, debe evitarse almacenar materiales de manera que obstruyan el patrón de descarga. Como regla general, se debe mantener un espacio libre de 18 pulgadas (45 cm) debajo de los rociadores, aunque los requisitos específicos pueden variar según el tipo de ocupación, almacenamiento y configuración del sistema.

El personal de mantenimiento puede participar en las inspecciones visuales y en las verificaciones que correspondan a sus responsabilidades, incluyendo la revisión de manómetros, condiciones de válvulas y otros componentes.

También es importante verificar periódicamente el abastecimiento de agua mediante las pruebas correspondientes, como la prueba del drenaje principal (main drain test), cuando aplique.

La planta debe además disponer de un gabinete de repuestos para rociadores, con unidades compatibles con los instalados y la herramienta especial correspondiente para su reemplazo, de acuerdo con los requisitos aplicables.

Detección y alarma (NFPA 72)

En un sistema de detección y alarma, el factor humano puede ser determinante.

Un sistema técnicamente impecable pierde buena parte de su valor si las personas que reciben sus señales no saben interpretarlas ni reaccionar correctamente.

El personal operativo, especialmente quienes permanecen cerca del panel de control como vigilancia, recepción o personal de turno, debe conocer las principales señales que puede generar el sistema:

  • Alarma: indica una condición de alarma que requiere la respuesta establecida por el plan de emergencia.
  • Supervisión: indica un cambio en una condición asociada con la protección contra incendios, como el estado de una válvula supervisada.
  • Falla (trouble): indica una condición que afecta o puede afectar la integridad o disponibilidad del sistema, como una falla de comunicación, alimentación secundaria o determinado dispositivo.

Uno de los errores más peligrosos es silenciar una señal y no darle seguimiento.

Silenciar una señal no significa solucionar la condición que la originó. El personal debe saber reconocerla, silenciarla cuando el procedimiento lo permita, identificar qué tipo de evento ocurrió y, sobre todo, a quién debe reportarlo y escalarlo.

El personal de mantenimiento debe asegurar que las inspecciones, pruebas y mantenimiento requeridos se realicen de acuerdo con la frecuencia y procedimientos aplicables. Las pruebas especializadas deben ser realizadas por personal con la capacitación y experiencia necesarias.

También es fundamental mantener el panel accesible, conservar la documentación correspondiente y revisar los registros de eventos para identificar condiciones recurrentes o anormales.

Extintores portátiles (NFPA 10)

El extintor es uno de los elementos de protección más accesibles y, al mismo tiempo, uno de los que más depende de la preparación de las personas.

Por eso, el personal de la planta debe recibir capacitación básica sobre cuándo utilizar un extintor, cuándo no hacerlo, cómo seleccionar el tipo adecuado y cómo utilizarlo correctamente.

Una técnica ampliamente conocida es PASS:

  • Pull: retirar el seguro.
  • Aim: apuntar hacia la base del fuego.
  • Squeeze: presionar la palanca.
  • Sweep: realizar un movimiento de barrido.

Sin embargo, la técnica por sí sola no es suficiente. El usuario debe saber seleccionar el extintor adecuado para el tipo de fuego y reconocer cuándo un incendio supera las condiciones para las cuales está diseñado un extintor portátil.

La NFPA 10 establece además requisitos para la inspección periódica de los extintores. La inspección debe realizarse a intervalos que no excedan 31 días, y debe verificar aspectos como su ubicación, accesibilidad, condición física, indicador de presión cuando corresponda, seguro, entre otros elementos aplicables.

Esta inspección es diferente del mantenimiento técnico, que requiere personal capacitado y debe realizarse conforme a los procedimientos establecidos por la norma y el fabricante.

La diferencia es importante: una inspección puede detectar rápidamente que un extintor desapareció de su lugar, está bloqueado, presenta daños o perdió presión; el mantenimiento técnico determina qué acciones deben realizarse para conservarlo en condiciones de servicio.

Registro y cultura

Más allá de cada sistema, hay dos hábitos que la capacitación debe ayudar a desarrollar en toda la planta.

El primero es el registro.

Las inspecciones, pruebas, hallazgos y acciones correctivas deben documentarse. Los registros no son simplemente burocracia: son la memoria del sistema y permiten identificar tendencias de deterioro, demostrar que las actividades se están realizando y facilitar el seguimiento de las deficiencias.

El segundo es desarrollar una cultura de no normalizar lo anormal.

Una luz de falla encendida, una válvula que alguien cerró, una presión diferente de la habitual, una bomba que no arranca como debería o un extintor fuera de su sitio nunca deben convertirse en parte del que se considere normal.

Una condición anormal que se ignora durante semanas puede convertirse en una falla precisamente el día en que el sistema sea necesario.

El acompañamiento como parte del proyecto

Entregar un sistema contra incendios no significa simplemente terminar una instalación.

Un sistema bien diseñado e instalado puede ofrecer un alto nivel de protección, pero su desempeño a lo largo de los años depende de que sea correctamente inspeccionado, probado, mantenido y, sobre todo, de que las personas que conviven con él sepan cómo actuar.

Por eso, la capacitación del personal operativo y de mantenimiento de la planta no debería considerarse un simple complemento del proyecto. Es parte fundamental de la estrategia de protección.

El objetivo no es convertir a cada empleado en un especialista en protección contra incendios. Es asegurarse de que las personas que están diariamente junto al sistema sepan qué observar, qué hacer, qué evitar y cuándo pedir ayuda especializada.

Porque un sistema contra incendios no está realmente preparado solo porque sus equipos estén instalados.

Está preparado cuando los equipos, los procedimientos, el mantenimiento y las personas trabajan juntos para responder cuando realmente se necesitan.

Invertir en formar a las personas que conviven con el sistema es, al final, invertir en que el día que de verdad importe, el sistema responda.